I
En el limbo, agotador y creciente. De creación propia o, tal vez, por falta-de.
¿Es el auto sabotaje un mecanismo de defensa? ¿En qué alma o mente eso funciona? En una muy apaleada por lo visto. Pero, ¿se puede recuperar?
Me acordé de la historia de la muchacha que apagó su propia personalidad.
Hacía unas cuatro semanas que se encontraba en su casa, impedida a realizar su rutina, la que le robotizaba y a la que tanto culpaba de alejarla de sus pasiones, el mundo se la había quitado en una serie de hechos y circunstancias históricas, que ella ni nadie que conociera pudo haber previsto, o provocado.
Cada vez sentía más agudamente aquel llamado que provenía desde un lugar de su ser, un sitio no tan oculto para si misma, pero que esforzaba por acallar para no incomodar a nadie, empezando por sí misma.
Lejanos parecían ya aquellos días de viajes, trenes, aviones y autobuses, horarios y cansancio, billetes, madrugadera y stress. Ahora estaba obligada a mirarse, las válvulas de escape iban despareciendo una por una.
La primera carta que se le presentó era una que falsamente creía conocer, si la jugaba bien, se le abriría la primera puerta; pero tendría que ir rápido. La apreciación propia.
Esto comenzó cuando se le cumplió un deseo que secretamente tenía, y cuya intención vibraba a cada paso que daba: la soltería. El estado de bienestar que el estar soltera le traía no se comparaba a nada en el mundo, la paz y la expansión.
Pero sus necesidades primitivas comenzaron a salir a flote en brevísimo, era hora de enfrentarse a nuevos encuentros sensuales, el no hacerlo, era un peligro para su desarrollo pues toda su atención se quedaba dentro de ese perímetro y difícilmente lo trascendía, no podía dar un paso más. Había que enfrentarse una vez más al temido enemigo: el rechazo.
Era tan rápido para exponerse, así que ideó un plan:
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